7/7/2014

Current favorites ll GoPro

Esto es lo que pasa cuando tienes plugins nuevos y te compras una GoPro. Bueno, realmente no, pero estaba probando ambas cosas y decidí hacer un mini video. Nada más que añadir. Enjoy!


Current Favorites ll GoPro from Haizea Urkiola on Vimeo.

15/6/2014

Interacción 003: Relato Negro

El relato empezó hace dos años, pero sigue vivo. Aquí va el primer post de "Interacciones" de 2014, el tercer capítulo. Si os habéis perdido los dos primeros podéis leerlos aquí y aquí.

Una vez más, os recuerdo que tenéis libertad de expresión absoluta para poder comentar, hacer críticas e incluso proponer finales alternativos. Todos los comentarios se tendrán en cuenta para el desarrollo del texto que se publique.
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Geoffrey Jr. se odiaba a sí mismo casi tanto como a su padre. Odiaba aparentar ser alguien que no era, porque odiaba no saber quién era. Lo odiaba todo excepto el dinero, su gran compañero de juergas. Fue el primer hijo del matrimonio Hampton, el niño mimado que tenía todas las atenciones. Así pues, malcriado y caprichoso, odió el nacimiento de su hermano Edward.

Edward Hampton, el pequeño inteligente, el niño de las sonrisas, el favorito de su mamá. Edward era el objetivo de los planes malévolos de su hermano antes de que pudiera abrir los ojos. Como todos los niños de su generación, aprendió a manipular y a aprovecharse del viejo juego del victimismo. Así pues, Geoffrey Jr. quedaría eternamente bautizado como el Hampton que no se merecía su apellido por atormentar conscientemente la infancia del pequeño y adorable Edward. Geoffrey padre se arrepentía cada noche de haberle puesto su nombre a la oveja negra, a ese monstruo de poco más de un metro que le amenazaba con la mirada.

“Los Hampton vuelven a iluminar la ciudad: Ayer, 1 de diciembre, Geoffrey y su radiante esposa Michelle acudieron a la ceremonia de apertura de la pista de hielo del Rockefeller Center. Esta será la primera navidad de la pequeña Marcia Hampton, hija de Edward, que cumplió 6 meses la semana pasada. Lisa fue la encargada de encender el árbol de navidad, y se ganó a todo el público con su brillante discurso. Lamentablemente, el hermano mayor no pudo asistir a la ceremonia por una pequeña operación, esperemos que se recupere pronto”. Mentiras, mentiras, mentiras. El Times siempre se olvidaba de publicar que hacía escasas semanas que habían mandado a Geoffrey Jr. a un centro de disciplina en Europa por haber robado documentos del despacho de su padre.


“Te quiero, pero tienes que dejar todo esto, te estás volviendo loco”. Su sonrisa, que bonita era su sonrisa. Y sus ojos. Y esa pequeña mueca que hacía cuando pensaba. Solíamos sentarnos en el sofá de su apartamento en Brooklyn. Era pequeño y apenas entrabamos los dos, pero nos encantaba. Podía pasarme horas mirándola, contando sus pecas mientras ella dormía. Todo era bonito entonces. Los árboles se movían al son de nuestras canciones, paseábamos sin rumbo fijo y terminábamos compartiendo un helado en Central Park como hacían todas esas parejas de las películas que odiábamos. No. Todo se acabó. Me estaba volviendo loco.

5/5/2014

Oversharing


Vamos a pretender que esto es una terapia grupal. Hola, me llamo Haizea, y tiendo al Oversharing. Hola Haizea.

¿Pero qué diantres es eso? Preguntaréis. Oversharing es el término anglosajón utilizado para denominar el fenómeno de compartir la vida personal de forma excesiva en Internet. No compartes tus datos del banco, pero cualquier internauta es capaz de saber qué has comido, a qué hora y con quién... y lo peor es que lo has publicado tú, voluntariamente.

Actualmente todo el mundo quiere ser partícipe del fenómeno de las redes sociales, es tan fácil y tan sencillo compartir, que ¿Por qué no vas a hacerlo? Además, cualquier cosa que publiques en la red puede propagarse inmediatamente. ¿Que estás viendo una puesta de sol preciosa? Súbelo a Instagram, tuitéalo, actualiza tu estado en Facebook, comparte tu ubicación en Foursquare, haz un post en Tumblr, Blogger, Wordpress, mándalo por e-mail, Whatsapp, Telegram… y cuando termines, no se te ocurra disfrutar del momento porque ya se habrá hecho de noche.

Las herramientas digitales son un avance enorme, y utilizadas con sentido común, son una fuente de información realmente valiosa que nos permite estar conectados con familiares, amigos (y desconocidos) donde quiera que estén, así como estrechar lazos de una manera impensable en otras épocas. Pero, ¿Las estamos utilizando correctamente?

Yo he subido la foto de la puesta de sol y he dejado de vivir momentos que debería haber disfrutado por ponerle filtros y compartirlo, por estar online, porque “Si te escriben y ves esa tortuosa notificación en el lado superior de tu pantalla de bloqueo cuando vas a mirar la hora en el móvil, porque no vas a contestar”. A ese, al otro, y al de la moto. Bueno, al de la moto no, que está conduciendo. Siempre voy con el móvil encima y temo ese angustioso momento en el que me quede 1% de batería.

Hace poco, en cambio, tuve un día estupendo y al llegar a casa me di cuenta de que no había compartido absolutamente nada. Y entonces, me acordé de una frase de un cómico que decía así “Si voy al gimnasio y no lo comparto ni en Twitter ni en Instagram ¿Sigue contando como ejercicio?”.

Competimos por likes, por respuestas, por retweets. Compartimos para demostrar o creer que tenemos una vida mejor que el de al lado. Y en el fondo, no nos damos cuenta de que es una chorrada. Valiente estupidez por la que nos desvivimos, ¿Verdad?

Este post no cuenta, que es terapia. Y como terapia, os animo a que vayamos dejándolo todos juntos. Ánimo.

 

3/1/2014

Crisis gafil


Los que llevamos gafas desde los 90 sabemos que el mundo está cambiando y no precisamente a nuestro favor. Se ha abierto un gabinete de crisis en el mundo gafil con los mismísimos Austin Powers, Mr. Ripley y Elton John para discutir e identificar las causas que hacen que, del cabreo, nos suban las dioptrías.

Causa nº1 o Hipster Sapiens: Las gafas se han puesto de moda. Es horrible, lo sé. Ahora todo ser humano con internet y una vaga idea de quién es Mankiewicz cree que su deber es conseguir una montura de Ray Bans sin cristales para justificar su sabiduría de pega. Normalmente estos seres gafapastiles se agrupan en garitos semi-alternativos, conciertos dubstep y en la cola de todos los festivales de cine habidos y por haber. Es de campeonato. 
Tip: Para poder diferenciar entre modernos y miopes, solo debes bajar a una calle concurrida y gritar “Pues Björk es una mierda envuelta en celofán”. Los que se indignan son más hipsters que el señor que se riza la barba con latas.

Causa nº2 o La nerdizacion de la especie: La  palabra “Nerd” (Empollón, rata de bilbioteca) lleva gafas desde que América descubrió las series de televisión. Y eso es así. No hay serie que se salve de un pardillo con lentes enormes al que la vida le ha dado la espalda por no ser lo suficientemente molón como para acudir a la fiesta de Bradley. Lo malo de esto es que alguien se sacó de la manga la regla de “Si lleva gafas es que es listo”. JA, un JA bien grande. No es por mi, que soy muy lista, sino por Rajoy; está demostradísimo que es la persona más inútil que existe sobre la faz de la tierra aun llevando gafas. Lo suyo si que es postureo.
Tip: Si quieres identificar a alguien que se pone gafas para ir de listillo, no tienes más que decir “Pues esta charla es muy interesante, pero os estáis perdiendo un Barça-Madrid…”

Entre modernos y listillos el mundo gafil ha quedado estereotipado y quiero manifestarme en contra, porque ¿Los que no vemos tres en un burro que somos? ¿Modernos? ¡Listillos? ¿Ahora resulta que no ver un carajo es mainstream?. Vale, es verdad que los que tienen un 0,1 a lo mejor son unos cegatos de pacotilla, pero los que tenemos 9 en cada ojo sin gafas somos del nivel de Stevie Wonder, y si él es uno de los músicos más grandes de la historia nosotros no vamos a ser menos.

A los que vais de guays poniéndoos gafas y subiendo fotos a Instagram, Facebook y demás redes sociales solo os deseo una cosa: Dioptrías como caballos.

H.

15/10/2013

Los terroríficos veintipico


El New Yorker dice que somos la peor generación. El Huffington Post se pregunta si estamos realmente desempleados porque no hay trabajo o si somos unos vagos. La CNN dice que estamos demasiado formados y que pedimos más de lo que necesitamos. El resto de los periódicos dicen que debemos emigrar porque aquí no hay nada que hacer.

Seamos sinceros, los veintipico son realmente terroríficos. No conformes con una enorme duda existencial de “qué hacer con nuestras vidas”,  nos ocupamos de preguntarnos si somos lo suficiente maduros como para asentar la cabeza. Tampoco es de extrañar, puesto que a nuestra edad nuestros padres ya nos habían tenido y nuestros abuelos ya estaban casadísimos y con la vida atada. La simple idea de que al llegar a casa habría una hipoteca esperándome me pone los pelos de punta.

Odio admitirlo, pero una pequeña parte de mi se cuestiona si realmente estamos capacitados para ser adultos. Me cuestiono si tenemos la misma ambición de luchar por nuestros derechos que tenían nuestros padres, porque por mucho que insistamos, twittear desde el sofá no es demasiado efectivo (giro argumental, pero en serio, somos luchadores de palo). Después de ver que el 80% de mi generación no sabe quien es Karl Marx, me cuestiono si estamos capacitados para votar a otras personas que dicen velar por nuestro futuro. A nivel peninsular, europeo y mundial está saliendo realmente mal.

Somos el futuro, y todavía somos la enfermedad y el remedio. Tenemos veintipico, sí, y no tenemos relaciones estables, ni un trabajo asegurado, ni dinero para comprarnos una casa. Pero no significa que no podamos tener objetivos siempre y cuando sean realistas. Hay dos cosas que tenemos que dejar de hacer: Tenemos que dejar de culpar a la crisis económica para justificar nuestras crisis existenciales y tenemos que dejar el “Mamá quiero ser artista”. Yo no podría ser una atleta aunque quisiera porque no soy capaz de darle a un balón de playa que me ha lanzado un niño de 4 años. Y es así.

Algunos se creen que necesitamos que nos contraten o que nos asciendan porque sí, porque tienen derecho a comprarse un BMW o un Vuitton a los 25, pero la verdad es que tienes que currártelo, y tienes que crecer como persona. Los veintipico están para eso.

H.